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TEXTO COMPLETO DE LA HOMILÍA DEL PAPA FRANCISCO

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TEXTO COMPLETO DE LA HOMILÍA DEL PAPA FRANCISCO

Mensaje por CECILIA CODINA MASACHS el Sáb Mar 08, 2014 1:33 pm

TEXTO COMPLETO DE LA HOMILÍA DEL PAPA FRANCISCO EL MIÉRCOLES DE CENIZA:
 
“Desgarren su corazón y no sus vestidos” (Jl 2, 13).
 
Con estas palabras penetrantes del profeta Joel, la liturgia nos introduce hoy en la
Cuaresma, indicando en la conversión del corazón la característica de este tiempo
de gracia. El llamamiento profético constituye un desafío para todos nosotros,
ninguno excluido, y nos recuerda que la conversión no se reduce a formas
exteriores o a vagos propósitos, sino que implica y transforma toda la existencia a
partir del centro de la persona, de la conciencia.
 
Somos invitados a emprender un camino en el que, desafiando la rutina, nos
esforcemos a abrir los ojos y los oídos, pero sobre todo, a abrir el corazón, para ir
más allá de nuestra “pequeña huerta”.
 
Abrirse a Dios y a los hermanos. Vivimos en un mundo cada vez más artificial,
en una cultura del “hacer”, de lo “útil”, donde sin darnos cuenta excluimos a
Dios de nuestro horizonte. Y entonces excluimos el mismo horizonte. La
Cuaresma nos llama a “despabilarnos”, a recordarnos que nosotros somos
criaturas, simplemente que no somos Dios.
 
Cuando yo miro el pequeño ambiente cotidiano, algunas luchas de poder, por
espacios, yo pienso: pero esta gente juega a ser Dios Creador. Todavía no se han
dado cuenta que no son Dios.
 
Y también hacia los demás corremos el riesgo de cerrarnos, de olvidarlos. Pero
sólo cuando las dificultades y los sufrimientos de nuestros hermanos nos
interpelan, sólo entonces podemos iniciar nuestro camino de conversión hacia la
Pascua. Es un itinerario que comprende la cruz y la renuncia.
 
El Evangelio de hoy indica los elementos de este camino espiritual: la oración,
el ayuno y la limosna (Cfr. Mt 6,1-6.16-18). Los tres comportan la necesidad de
no dejarse dominar por las cosas que aparecen: lo que cuenta no es la
apariencia; el valor de la vida no depende de la aprobación de los demás o del
éxito, sino de cuanto tenemos dentro.
 
El primer elemento es la oración. La oración es la fuerza del cristiano y de cada
persona creyente. En la debilidad y en la fragilidad de nuestra vida, nosotros
podemos dirigirnos a Dios con confianza de hijos y entrar en comunión con Él.
Ante tantas heridas que nos hacen mal y que nos podrían endurecer el corazón,
nosotros estamos llamados a zambullirnos en el mar de la oración, que es el
mar del amor ilimitado de Dios, para gustar su ternura.
 
La Cuaresma es tiempo de oración, de una oración más intensa, más tiempo
de oración, más asidua, más capaz de hacerse cargo de las necesidades de los
hermanos, oración de intercesión, para interceder ante Dios por tantas situaciones
de pobreza y de sufrimiento.
 
El segundo elemento relevante del camino cuaresmal es el ayuno. Debemos estar
atentos a no hacer un ayuno formal, o que en verdad nos “sacia” porque nos hace
sentir tranquilos. El ayuno tiene sentido si verdaderamente mella nuestra
seguridad, y también de él deriva un beneficio para los demás, si nos ayuda a
cultivar el estilo del Buen Samaritano, que se inclina sobre el hermano en
dificultad y se hace cargo de él.
El ayuno comporta la elección de una vida sobria, en su estilo, que no
derrocha, una vida que no “descarta”. Ayunar nos ayuda a entrenar el corazón a
lo esencial y al compartir. Es un signo de toma de conciencia y de responsabilidad
frente a las injusticias, a los atropellos, especialmente con respecto a los pobres y
a los pequeños, y es signo de la confianza que ponemos en Dios y en su
providencia.
 
Tercer elemento es la limosna: ella indica la gratuidad, porque en la limosna
se da a alguien de quien no se espera recibir algo a cambio. La gratuidad
debería ser una de las características del cristiano, que, consciente de haber
recibido todo de Dios gratuitamente, es decir sin ningún mérito, aprende a dar a
los demás gratuitamente.
 
Hoy con frecuencia la gratuidad no forma parte de la vida cotidiana, donde todo se
vende y se compra. Todo es cálculo y medida. La limosna nos ayuda a vivir la
gratuidad del don, que es libertad de la obsesión de la posesión, del miedo de
perder lo que se tiene, de la tristeza de quien no quiere compartir con los demás
el propio bienestar.
 
Con sus invitaciones a la conversión, la Cuaresma viene providencialmente a
despertarnos, a despabilarnos del entumecimiento, del riesgo de ir adelante por
inercia. La exhortación que el Señor nos dirige por medio del profeta Joel es
fuerte y clara: “Vuelvan a mí de todo corazón” (Jl 2, 12). ¿Por qué debemos volver
a Dios? ¡Porque algo no va bien en nosotros, en la sociedad, en la Iglesia y
tenemos necesidad de cambiar, de dar un cambio, y esto se llama tener
necesidad de convertirnos!
 
Una vez más la Cuaresma viene a dirigir su llamamiento profético, para
recordarnos que es posible realizar algo nuevo en nosotros mismos y en torno a
nosotros, simplemente porque Dios es fiel, es siempre fiel, porque no puede
renegar de sí mismo, porque es fiel y sigue siendo rico de bondad y de
misericordia, y está siempre dispuesto a perdonar y volver a comenzar de nuevo.

¡Con esta confianza filial, pongámonos en camino!
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CECILIA CODINA MASACHS
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