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EMILY ELIZABETH DICKINSON 3ª parte

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EMILY ELIZABETH DICKINSON 3ª parte

Mensaje por CECILIA CODINA MASACHS el Vie Ago 15, 2014 10:41 am

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Comienzo de su reclusión.-


Tras las muertes de Newton y Wadsworth, la vida de Emily Dickinson quedó totalmente vacía y su único camino para evitar la muerte, según su principal biógrafo ya mencionado, consistió en la poesía.
Recrudeció entonces la tenaz negativa a la publicación de sus poemas y comenzó a dejar de salir de la casa de su padre y, con frecuencia, siquiera de su propia habitación.
La negativa a publicar (aunque la actitud de Dickinson tuviese paralelos históricos como por ejemplo [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo]) no deja de ser una anormalidad que merece ser mejor estudiada en el futuro.
Si bien, como hemos dicho, Emily no se oponía a que la gente leyese sus poemas (le leía algunos a su prima Clara Newman y escribía otros para su cuñada Susan Gilbert), no dejaba que cualquiera los leyera. Aparte de los mencionados miembros de su familia, todas las demás personas que en vida de la poetisa leyeron sus trabajos eran profesionales de la literatura: escritores, críticos, profesores o editores, y pueden contarse con los dedos de una mano. La lista incluye a su "Maestro de las cartas" —[Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo]—, al profesor [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo], a la escritora [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo], al editor [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo] y al crítico y también escritor [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo]. [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo] y [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo], traductoras de la poetisa, piensan por el contrario que unos trescientos poemas están dedicados a su gran amor, correspondido, por su cuñada y editora, Susan Gilbert o [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo] (1830-1913).
Samuel Bowles, muy interesado en la literatura y en particular en la poesía, dirigía un diario local, y en él se publicaron —con o sin consentimiento de Dickinson— cuatro de los cinco únicos poemas que vieron la luz mientras ella vivió.
El primero era un poema del [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo] primitivo y poco importante, mientras que el segundo era ya una muestra más acabada de su oficio.
En 1862 publicó (sin firma) Safe in their alabaster chambers y Weary of life´s great mart (derecha). El célebre poema sobre la serpiente, A narrow fellow in the grass ("Un delgado amigo entre la hierba", verdadera obra maestra hoy llamado The Snake), le fue —según la poetisa— "robado" por alguien de su confianza (casi con seguridad Susan Gilbert) y publicado contra su voluntad por el mismo periódico en su edición del 14 de febrero de [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo].
El último, que paradójicamente habla del éxito, fue publicado en una antología preparada por Helen Hunt Jackson a condición de que la firma de Emily no figurara en él.
El "Maestro" desorientado
En [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo], Emily Dickinson, tal vez bajo los efectos de la duda acerca de si su poesía tenía calidad real, envió múltiples poemas a Thomas Higginson acompañados de la siguiente pregunta (que a la luz de los conocimientos actuales puede muy bien ser interpretada como un ruego): "Señor Higginson: ¿está usted demasiado ocupado? ¿Podría hacerse un momento para decirme si mis poemas tienen vida?".
Puede decirse en favor de Higginson que respondió en seguida al desesperado pedido de orientación de Dickinson, elogiando sus poemas y sugiriéndole profundos retoques que, según él, podían hacer que el trabajo de la autora se adaptara a las normas poéticas en boga en aquellos tiempos. Si logró comprender la abrumadora calidad de su poesía, es seguro que no supo qué hacer con ella.
Emily se dio cuenta de que adoptar los innumerables cambios que Higginson le proponía para hacer "publicable" su poesía suponía una involución estilística y la negación de su original y única identidad artística, por lo que los rechazó suave pero firmemente. Higginson guardó los poemas durante más de 30 años, para luego, ante el éxito del libro Poems of Emily Dickinson (en [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo]), sorprenderse como un absoluto profano que nunca hubiese tenido nada que ver con el asunto. Escribió en un ensayo del año siguiente que "después de cincuenta años de conocerlos (a los poemas), se me plantea ahora como entonces el problema de qué lugar debe asignárseles dentro de la literatura. Ella (Emily) se me escapa, y hasta hoy me encuentro aturdido ante semejantes poemas". Cuando, quince años después de la muerte de la artista, se le preguntó por qué no la había convencido de publicarlos en alguna de las antologías que recopilaba, Higginson respondió: "Porque no me atreví a usarlos".
Los intentos de Helen Hunt Jackson
Helen Hunt Jackson, esposa del alcalde y más tarde célebre novelista, sufrió entre [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo] y [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo] tres devastadoras pérdidas que pudieron dejarla en un estado igual o peor a aquel en que cayó Dickinson más tarde.
El esposo de Helen fue asesinado en el primero de esos años, y sus dos pequeños hijos murieron también antes de que pasaran veinte meses. Pero la señora Jackson, en vez de deprimirse, se puso a escribir novelas.
Amiga de Emily Dickinson y protegida de Higginson, Helen Jackson hizo lo imposible para conseguir que Emily publicara, al menos, algunas de sus poesías. La negativa de la poetisa fue cerrada e inexpugnable, hasta que la novelista le consiguió un lugar en una antología de poemas sin firma, que se tituló A Masque of poets ("Una mascarada de poetas", [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo]). Sólo ante la garantía del anonimato le cedió Emily un único poema, Success is counted sweetest ("Se dice que el éxito es lo más dulce"), reputado entre lo mejor de aquel volumen.
Jackson presentó los trabajos de Emily al editor que publicaba sus novelas, Thomas Niles, quien se dio cuenta del brillante que permanecía oculto en esas páginas y sumó sus esfuerzos a los de la editora para convencer a la poetisa. Pero no tuvo éxito: en [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo] Dickinson le escribió una carta donde se reía de "la amable pero increíble opinión de Helen Hunt y usted, que ya me gustaría merecer".
Helen esbozó un último esfuerzo el 5 de febrero de [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo], escribiendo a Emily una carta en la que le decía: "¡Qué maravillosas carpetas llenas de versos debes tener ahí! Es un cruel error para tu época y tu generación esa rotunda negativa a darlos a conocer". Pero en vano: para ese momento, Emily estaba ciega y había sufrido un grave ataque nervioso del que ya nunca se podría recuperar.
Helen Hunt Jackson murió seis meses más tarde.
Reclusión definitiva
 
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El encierro y el aislamiento autoimpuestos de Emily Dickinson no fueron súbitos ni —al comienzo— anormales. Desde su alejamiento del seminario hasta su muerte, Emily vivió tranquilamente en la casa de su padre, lo que no era raro para las mujeres de su clase. Su hermana Lavinia y su cuñada Susan Gilbert, por ejemplo, siguieron caminos idénticos.
Entre la veintena y la treintena, además, Emily iba a la iglesia, hacía las compras y se comportaba perfectamente en todos los aspectos. Daba largos paseos con su perro ("Carlo") e incluso concurría a las exposiciones y a las funciones benéficas, lo que se demuestra porque las instituciones aún conservan en sus archivos sus tarjetas de visita. La familia de Holland la visitó en [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo], y la recuerdan "con un vestido marrón, una capa más oscura y una sombrilla del mismo color". Las primeras dos fotografías que acompañan este artículo la muestran también vestida de oscuro.
Pero a finales de ese año, la poetisa comenzó a rehuir las visitas y las salidas, y empezó a vestirse exclusivamente de blanco, extraña costumbre que la acompañaría durante el cuarto de siglo que aún le quedaba de vida.
Para [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo] se la veía ya muy poco por la aldea. En [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo] viajó a [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo] para visitar a un [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo] y repitió el periplo al año siguiente, período en que se alojó en casa de unas primas en [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo]. Nunca volvió a viajar, faltando a la cita que el médico le había hecho para [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo].
En [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo], a pesar de los ruegos de Higginson para que saliera, la decisión de encerrarse era ya definitiva: "No salgo de las tierras de mi padre; no voy ya a ninguna otra casa ni me muevo del pueblo". Esta exageración de la vida privada se había convertido, para esa época, en una especie de fobia o morbosa aversión a la gente.
En los últimos quince años de su vida, nadie en Amherst volvió a verla, excepto que algún paseante ocasional vislumbrara a su figura vestida de blanco paseando por el jardín de los Dickinson en los atardeceres de verano. A veces se escondía en el vano de la escalera de la casa de su padre, entre las sombras, y sorprendía a los asistentes a una cena o una reunión con una interjección o un comentario expresados en voz baja.
Sus cartas de ese período demuestran que algo anormal sucedía con la portentosa escritora: "He tenido un extraño invierno: no me sentía bien, y ya sabes que marzo me aturde" (carta a Louise Norcross). En otra nota de disculpa por no haber concurrido a una cena a la que estaba invitada, dice: "Las noches se hicieron calientes y tuve que cerrar las ventanas para que no entrara el [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo]. Tuve también que cerrar la puerta de calle para que no se abriera sola en la madrugada y tuve que dejar prendida la luz de gas para ver el peligro y poderlo distinguir. Tenía el cerebro confundido —aún no he podido ordenarlo— y la vieja espina aún me lastima el corazón; fue por eso por lo que no pude ir a visitarte".
Cuando Higginson le preguntó en [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo] si había ido a ver a su médico, le respondió: "No he podido ir, pero trabajo en mi prisión y soy huésped de mí misma". Cinco años más tarde escribe a su prima Norcross: "No me siento tan bien como para olvidar que estuve enferma toda mi vida, pero he mejorado: puedo trabajar".
Durante los tres últimos años de su vida no salió tan siquiera de su habitación, ni aún para recibir a Samuel Bowles, que nunca había dejado de visitarla. El anciano se paraba en la entrada y la llamaba a gritos por la escalera, diciéndole "pícara" y agregando una palabrota cariñosa. Nunca tuvo éxito en su intento de verla o de cambiar una palabra con ella.
Muerte de la poetisa
Cuando la primera esposa de Higginson murió en [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo], la poetisa le envió esta frase: "La soledad es nueva para usted, Maestro: permítame conducirlo".
Sin embargo, sus poemas y sus cartas demuestran que es falsa la apariencia de monotonía y enfermedad mental que erróneamente muchos atribuyen a estos últimos años de la artista. Las misivas de esta época son poemas en prosa: una o dos palabras por renglón y una actitud vital atenta y brillante que encantaba a los destinatarios: "Mamá fue de paseo, y volvió con una flor sobre su chal, para que supiéramos que la nieve se había ido. A [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo] le hubiese gustado mi madre... La gata tuvo gatitos en el tonel de virutas, y papá camina como [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo] cuando se apasiona".
Disfrutaba de la visión de los niños que jugaban en el terreno lindero ("Me parecen una nación de felpa o una raza de plumón") y trabajar de rodillas en sus flores.
Cuando murió su sobrino menor, último hijo de Austin Dickinson y Susan Gilbert, el espíritu de Emily, que adoraba a ese niño, se quebró definitivamente. Pasó todo el verano de [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo] en una silla, postrada por el [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo], la misma nefritis que acabó con [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo]. A principios de [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo] escribió a sus primas su última carta: "Me llaman".
Emily Dickinson pasó de la inconsciencia a la muerte el 15 de mayo de [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo].
El hallazgo
Poco después de la muerte de la poetisa, su hermana Vinnie descubrió ocultos en su habitación 40 volúmenes encuadernados a mano, que contenían la parte sustancial de la obra de Emily: más de 800 poemas nunca publicados ni vistos por nadie. El resto de su obra la constituyen las poesías que insertaba en sus cartas, la mayoría de las cuales pertenecen a los descendientes de sus destinatarios y no se hallan a disposición del público.
Principales influencias
El caso de Emily Dickinson es muy especial en la literatura norteamericana, porque la gran popularidad de que gozó y goza después de su muerte hace que muchas veces la opinión pública olvide lo aislada que estuvo en vida (primero en su pequeña aldea y luego en su pequeña habitación, sin salir de ella ni recibir a nadie).
Por lo tanto, no son muchas las influencias que su poesía recibió de sus contemporáneos ni de sus predecesores. Las tres principales influencias que pueden rastrearse en el trabajo de esta poetisa son, pues: la [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo], el humor norteamericano y [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo].
La Biblia
Como todo norteamericano nacido con anterioridad a la [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo], Emily estuvo familiarizada con la [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo] desde su más tierna infancia, y la influencia que las escrituras sagradas operaron sobre ella se demuestra ya desde sus cartas de juventud: "El brillo del sol me habla esta mañana, y la afirmación de [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo] se vuelve real: ´el peso de la Gloria´. (...) La fe de Tomás en la anatomía era más fuerte que su fe en la Fe. (...) ¿Por qué censuraríamos a [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo], cuando el criterio del Gran Amante dice: ´No tendrás otro Dios que yo´?".
Varios poemas de Emily se basan en textos bíblicos o los recrean con una diversión ligeramente impía, como por ejemplo The Bible is an antique volume ("La Biblia es un libro antiguo"), The Devil, had he fidelity ("Si el Demonio fuera fiel") o Belshazzar had a letter ("Baltasar tenía una carta").
El humor
Durante toda su vida (poblada de lecturas religiosas), el segundo texto que más leyó Emily Dickinson fue el periódico primero y diario después The Springfield Republican, dirigido por Samuel Bowles y el doctor Holland.
En ese diario se publicaban trozos escogidos de [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo], [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo], [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo] y [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo], entre muchos otros. Muchos de estos textos eran humorísticos. La misma influencia que tuvieron sobre Emily se evidencia, por ejemplo, en [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo], cinco años menor que ella, que también estaba suscripto al Republican. El humor del propio Twain influyó a su vez en Dickinson, que había leído varios capítulos de Old Times in the Mississippi.
Emily escribía sermones burlescos para divertir a sus compañeras en el colegio y el seminario. Algunas de sus frases harían enrojecer al propio autor de "[Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo]": "El Papa entró a la iglesia en una silla de manos llevada por varios hombres. Es un buen adorno para cualquier procesión".
El sutil ingenio de Emily a veces compendiaba su formación religiosa con el humor yanqui, y la hacía escribir cosas como por ejemplo esta carta a un amigo: "Yo soy [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo], la heroína de los [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo], y tú el orador de [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo]. Pero el mundo duerme en la ignorancia y el error y no nos escucha. Entonces, tendremos que arrancar a esta sociedad de sus raíces y plantarla en otra parte. Construiremos hospicios, trascendentales prisiones estatales... y no pocos patíbulos".
La soltura de su humor a veces alcanza los límites de la crueldad: "¿Quién será el periodista que escribe los artículos acerca de esos divertidos accidentes en los cuales los trenes chocan inesperadamente y los caballeros son limpiamente decapitados en accidentes industriales? Vinnie estaba desilusionada porque hoy hubo sólo unos pocos". Cuando una mendiga golpeó a su puerta, escribió: "Hoy no ha llamado nadie, sino una pobre señora que buscaba un hogar. Le dije que sabía de un sitio, y le di la dirección del cementerio para ahorrarle una mudanza".
En Emily convivían la seria concentración de los poetas líricos y el instinto para la comedia de los escritores norteamericanos. A veces tejía elegantes ejercicios de humor fonético, como los seis versos de Lightly stepped a yellow star, donde la música está pautada por el sonido de innumerables eles, y la palabra final, punctual ("puntual") convierte todo el poema en una broma musical al estilo de las desafinaciones mozartianas. Para ella el sol era un farol de alumbrado, el [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo] una mañana después de beber ron y el corazón el cañón de unos revoltosos.
Toda esta deliciosa poesía y este fino humor, no muy bien comprendidos en su época, han sido preservados para la posteridad y muestran a Emily Dickinson, como a Mark Twain, bajo el rostro de la poetisa y artista adelantada a su tiempo en muchos años.
Emerson
La poetisa conocía muy bien los Essays ("Ensayos") de [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo] y poseía un ejemplar de sus Poems ("Poemas"). El celebérrimo poeta visitó [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo] en varias oportunidades y una vez durmió en la casa de Austin, el hermano de Emily que vivía en la casa contigua.
Dos sociedades literarias estudiantiles invitaron a Emerson a dictar una conferencia en la aldea, a lo que el poeta accedió, presentándose ante la juventud del pueblo el 8 de agosto de [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo]. El tema fue: "Un llamamiento a los estudiosos". No se sabe con certeza si Emily concurrió a la conferencia, pero en 1855 no se había recluido todavía, y el episodio debe haber resultado un acontecimiento excepcional para una sociedad tan pequeña como la de Amherst.
Emerson regresó al poblado de los Dickinson dos años después, pronunciando en la capilla el 16 de diciembre de [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo] otra conferencia titulada "Lo hermoso de la vida rural". Se cree que en esta oportunidad la poetisa sí estuvo presente, ya que su hermano y su cuñada Susan Gilbert estuvieron en primera fila. La venerable figura del gran personaje impresionó a Gilbert de tal modo que se juramentó a invitarlo otra vez.
Ralph Emerson habló en Amherst en otras tres oportunidades ([Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo] en que tomó el té y durmió en casa de Austin y Susan, [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo] y [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo]), pero para entonces Emily vivía ya completamente encerrada.
Al igual que en [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo], los fraseos y la filosofía de Emerson son claramente visibles en la poesía de Emily Dickinson. La explicación es posiblemente que los tres pertenecían al ambiente rural de la [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo] de su época y que se admiraban mutuamente (aunque los dos poetas nunca conocieron los poemas de ella).
Emily puede haber copiado la estructura de los cuartetos de Emerson —a los que ambos eran muy afectos—, y seguramente se vio influida por la teoría ética del [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo], el ritmo gracioso y la permanente renuncia a la vida de ciudad y la exaltación de la pastorela rural que Emerson preconizó hasta su muerte.
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Re: EMILY ELIZABETH DICKINSON 3ª parte

Mensaje por Amalia Lateano el Vie Ago 15, 2014 1:27 pm

Estimada Sor Cecilia:

Muy bellos poemas.
La sortija
[Poema: Texto completo]

Emily Dickinson
En mi dedo tenía una sortija.
La brisa entre los árboles erraba.
El día estaba azul, cálido y bello.
Y me dormí sobre la yerba fina.

Al despertar miré sobresaltada
mi mano pura entre la tarde clara.
La sortija entre mi dedo ya no estaba.
Cuanto poseo ahora en este mundo
es un recuerdo de color dorado.
MIl gracias, y besitos
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