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PRIMER DOMINGO DE ADVIENTO EL ADVIENTO

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PRIMER DOMINGO DE ADVIENTO EL ADVIENTO

Mensaje por CECILIA CODINA MASACHS el Lun Nov 30, 2015 8:12 am

PRIMER DOMINGO DE ADVIENTO EL ADVIENTO.


REFLEXIONES


 Es ese breve y sagrado Tiempo, de cuatro semanas, de preparación para la Navidad, y cuyo significado podemos expresarlo con la imagen del “camino”: un camino trazado de historias, de sueños y esperanzas, de búsquedas sedientas del Pueblo de Dios, que ha quedado sumergido enteramente en una salvación gratuita que manifiesta la bondad y la presencia siempre fiel y cercana de nuestro Dios, «porque así habla el Señor: ¡Aquí estoy yo! Yo mismo voy a buscar mi rebaño y me ocuparé de él... Yo mismo apacentaré a mis ovejas y las llevaré a descansar. Buscaré a la oveja perdida, haré volver a la descarriada, vendaré a la herida y curare a la enferma» (Ez. 34, 11. 15-16). Un camino –tu vida, la mía– a través del cual nos acercamos al misterio de la Encarnación del Verbo, la Palabra pronunciada por Dios en el silencio de su amor eterno, y que María «dio a luz..., envolvió en pañales y recostó en un pesebre, porque no había lugar para ellos en el albergue» (Lc. 2, 7); misterio del cual participamos por puro amor y gratuidad de Dios, porque formamos parte del mismo Pueblo de Dios, que es la Iglesia peregrina, que camina hacia su encuentro. Una imagen bella de ese camino de la vida abierto al misterio de Dios entre nosotros queda simbolizado en el andar de José; él, el hombre justo (cfr. Mt. 1, 19), aprende a escuchar y a acoger con humildad en su corazón la voluntad de Dios, a partir de la cual se pone en marcha, como un día Abraham (cfr. Gn. 12, 1-5), siendo atravesado a partir de entonces por una búsqueda sedienta de ese lugar donde debía nacer su hijo, a quien, por voluntad divina, puso el nombre de Jesús (cfr. Mt. 1, 25), «porque Él salvará a su Pueblo de todos sus pecados» (Mt. 1, 21): «José, que pertenecía a la familia de David, salió de Nazaret, ciudad de Galilea, y se dirigió a Belén de Judea, la ciudad de David, para inscribirse con María, su esposa, que estaba embarazada» (Lc. 2, 3-5). Adviento Guchi Basile 2 Aquí podemos ver que la voluntad de Dios implica siempre un movimiento de salida, pues José parte de Nazaret, al norte de su país, y se dirige en busca de ese lugar querido por Dios, pensado por Dios desde toda la eternidad, en Belén, al sur, valiéndose de los acontecimientos del hombre sucedidos en el tiempo y en la historia, como el que sucedió «en aquella época» en que «apareció un decreto del emperador Augusto, ordenando que se realizara un censo en todo el mundo. Este primer censo tuvo lugar cuando Quirino gobernaba la Siria» (Lc. 2, 1), por lo que «cada uno iba a inscribirse a su ciudad de origen» (Lc. 2, 3). A lo largo de este camino José, al lado de María y junto con ella, irá adentrándose en el sentido profundo de los acontecimientos, de los hechos trazados por Dios, abierto en la fe a lo que aún no alcanzaba a “comprender” (cfr. Mt. 1, 20), pero siempre dispuesto a dejarse conducir por ese misterio que supera su entendimiento y que no busca descifrar, sólo aceptar con humildad, en obediencia de fe, como María, su esposa, «la servidora del Señor» (cfr. Lc. 1, 38). Por tanto, no es un camino a la deriva, sin rumbo ni horizonte, más bien, un camino de fe, iluminado por el fuego del Espíritu de Dios, trazado, encendido por Él, quien toma la iniciativa y guía hacia «el lugar que yo te indicaré» (Gn. 12, 1; 22, 1-2). Un camino que devela cómo la salvación traspasa el tiempo y se encarna en la historia del hombre, para redimirla desde dentro, como la levadura en la masa. De hecho, el Ángel había dicho a María: «El Espíritu Santo descenderá sobre tí y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra» (Lc. 1, 35), mas no sólo a ella, sino, por la fe de ella y de José en el hogar de Nazaret, al mundo entero. Es hermoso contemplar en este Tiempo ese camino de José, junto con María, quien llevaba en su vientre al mismo Hijo de Dios, atravesando toda su tierra, de norte a sur, signo de que el amor de Dios recorre los caminos en busca del hombre para rescatarlo y hacerlo partí- cipe de su salvación porque lo ama. Así, ese camino, henchido de fe y del gozo de la salvación prometida por el Padre y tan «largamente esperada» por los hijos de Israel, fue ese tiempo de preparación para aquello que iba a suceder y de lo que María y José serían los «testigos elegidos de antemano por Dios» (Hch. 10, 41), nada menos que el momento preciso en que Dios iba a nacer a la vida de los hombres para hacerlos participar, en el Hijo, por el Espíritu Santo, de su Vida divina. Adviento Guchi Basile 3 José y María, en camino de fe, sólo podían callar y contemplar, guardar «estas cosas» y meditarlas en el silencio de sus corazones consagrados (cfr. Lc. 2, 19. 51), en la intimidad de su hogar, unidos en el amor fiel y misterioso del Padre. Un detalle significativo que forma parte de ese camino de José es el hecho de que, al llegar a Belén, no encontró un sitio donde María pudiera descansar, pues «mientras se encontraban en Belén, le llegó el tiempo de ser madre» (Lc. 2, 6). Y José avanza, busca, golpea puertas y experimenta la amargura de las puertas cerradas (cfr. Lc. 2, 7), pero confía y en Dios espera, y es el mismo Dios el que, a través de aquellas puertas cerradas está delineando sabiamente el camino de su voluntad, guiando a José y a María hacia aquel establo donde estaba bien dispuesto un pesebre, pobre, despojado, solitario, que sirvió de morada para el Salvador del mundo. Hoy somos invitados a emprender confiadamente durante cuatro semanas un camino de fe, abiertos a la acción de Dios en nuestras vidas, dejándonos conducir por el don de Dios, por ese amor fiel que también desea nacer en el pesebre pobre de nuestros corazones agradecidos. Nuestro camino no está exento de dificultades, de contradicciones, de “puertas cerradas”, pero confiamos en que son ellas las que mejor delinean el camino de la voluntad de Dios para cada uno de nosotros; tiempo durante el cual aprendemos a despojarnos de nosotros mismos, del hombre viejo, para abrirnos, por la fe, al misterio de una salvación gratuita que el Padre nos ofrece en Cristo Jesús, volviéndonos capaces de acogerla y ofrecerla a través de nuestra vocación.



Fuente Hno. Guchi Basile 
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CECILIA CODINA MASACHS
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