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LA BRUMA

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LA BRUMA

Mensaje por Amalia Lateano el Miér Dic 26, 2012 8:38 pm

Al caer la noche,
la joven se recostaba entre las sábanas de hilo, perfumadas de
alhucemas. Con el sueño sabía que llegaba a un espejo de agua, y ella se
sumergía en él. Estaba entre el milagro del labrantío como una diosa
antigua de las sombras. En un cenote antiguo y oscuro se veía con vivaz
amparo matriarcal, naufragada de rosas y sembradora de rústicas
calandrias.
En resolanas de arenas desterradas recelaba como propios los expresados y advertidos temores.
Era
la primogénita nacida para el abismo pero lo supo tarde. Muy tarde.
Creció en permanente dialecto con la tierra y fue fuerza de ala y candor
consentido como todas las muchachas campesinas. El ensueño se fue
tornando cada vez más real.
Su alma era ya mitad sendero del Ángel abatido y la otra mitad un crepúsculo amarrado.
Pero
ella no sabía nada de eso _ pulso de viento y terquedad de raíz _
crecía radiante, en la congoja de la ilusión. Aprendió así los nombres
de los astros, de las constelaciones y las estrellas. La oración del
cañadón y la del río. A los trece años conocía mil bahías y sin contar
el ya remoto y fuerte seno de la madre, que nunca había conocido.
De
su madre, que no le hablaba de la vida, en el mundo de alucinación la
fue conociendo.Ni un solo pensamiento de temor le había caminado entre
los ojos.Las noches eran para su propia felicidad emanada de sus
quimeras.
Pero una madrugada, el espejismo se colmó de ternura.
Apareció mi padre, en un anual recuento de espigas llenas de riquezas y
esperanzas, lo veía llegando hacia ella, ardiendo palabras en su sangre,
tan joven
La mujer que buscaba la noche para soñar con su amor tenía
veinte años y era virgen dentro de sus botas de hule. Creía que los
niños nacen así como los peces en los reposos del río, en la noche
quieta. Pero llegó mi padre que contaba a trechos largas historias de
islas, con sus ojos bruñidos y negros. Y ella lo escuchaba en la
oscuridad...Le hablaba de lugares donde centenares de jóvenes púberes
subían carbón al barco, en la bahía. Donde había pájaros libres y donde
en la noche florecía l a pasión con hondo aliento de equipajes. Y se
amaron tanto, que todo sucedió como la bruma cayendo sobre ellos, sin
notarla.

La
bruma espesa del amor los cubrió con su manto, una y otra vez, cada
ensueño, cada quimera, cada ilusión era cada vez más real.

En la
oscuridad presintió que Abuelo mascullaba una triste canción antigua en
una lengua que no podía ser de aquí, y que ponía en sus pequeños senos,
remolinos en su mente y en el pulso del viento, voces desconocidas. Ella
tiritaba en la esperanza de sus sueños.

Pero a los veintidós años tenía la mirada gris porque bebió en las montañas de azúcar, sin saberlo.
Una
noche, tuvo una pesadilla. Fue puesta en un muro, y apedreada su alma,
porque estaba sembrada su carne de ricas y densas venas.
Era una
obsesión: Cada noche que soñaba que su Amor regresaba, se imaginaba a
Abuelo gritando lo bien que sabía que los marineros siempre desertaban
de las robadas islas pero cuando estaban bien borrachos, los capitanes
los metían a patadas en las bodegas sucias, y entonces volvían al hogar
frágiles y callados y tristes.
La joven en la duermevela sentía cada
golpe en su propio cuerpo. Al despertar vio que manchó su almohada con
la sangre que salió de su boca.
A la noche siguiente escuchó a la madre que nunca había conocido, que manifestaba su poder.
El matriarcado se impuso una vez más, sin ostentación.
Ella
ordenó sin apuro con su voz imperativa plena de adusteces, y se cumplió
con el brío de las hembras de la raza, para salvar la honra, la
dignidad y la decencia...
El matrimonio sobrevino para traer paz y se disiparon las sombras.
Nadie la contradijo: estaba yo en la ruta.
La
joven conjeturó la historia de Henry, en la nochebuena, al dormirse en
las sábanas de hilo perfumadas de hierbabuena, y lo vio como un joven
alto y moreno. Al fin y al cabo a los treinta años ya no era marinero, y
vendía clavos y tornillos, harina, azúcar y aceitunas en el Almacén de
Ramos Generales del abuelo, mientras la amada de Henry rezaba el rosario
ante la Virgen Gaucha, por su hombre.

Rezaba en la iglesia por
su hombre sin saber que ella no era una virgen suelta por la plaza del
pueblo. Hecha de medianoche a toda hora con hielo y filo de menguante
turbio en las entrañas y en las ojeras. Aprendiz de hembra por su
hombre. Apenas era encendida arcilla con esencia de origen. El himen
preservado por las diosas poderosas por años, a la sombra del corazón
profundo del seno de la familia, fue desbaratado.Henry la amó entre
caminos de fiebre, espasmos y palideces. Él tomaba quinina con grandes
tragos de ginebra, para quitarse el hambre de la carne de la
muchacha.Para ahuyentarla de su cabeza austera de marinero. Para que de
las manos y del cuerpo se le fuera el pulido y agridulce olor de carne
viva y de espiga madura.Para poder pensar en su libertad. Y en las
barcas tumbadas como ballenas muertas.
Pero ella lo amaba demasiado porque era el complemento de su sangre,
Y
se dejó penetrar tan dulcemente sin presentir que ensuciaba su estirpe
con el sudor del forastero y con sus fiebres. Noche tras noche, con el
tibio bálsamo de lavanda pensaba en Henry, mientras se dormía.
Así
supo, una tibia madrugada de febrero, que el decaimiento abatía a su
enamorado que pensaba que de ahí en más, todas las noches de su vida
tendrían el peso de sus alas cortadas. Su amado Henry se percibía
abandonado y apenado.
Entonces ella decidió no soñar más para que su
hombre amado no sufriera. Esa noche fue su última ilusión. Ya no
despertó. Su alma se extravió en las constelaciones tan conocidas junto a
la oración del cañadón y del río.

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Re: LA BRUMA

Mensaje por Nora Noemí el Miér Dic 26, 2012 9:11 pm

Felicidades por este relato es una maravilla ,quedé con pena de no seguir leyéndote ,pero solo por su belleza ,porque ha sido magistral
Feliz Navidad Amalia
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Re: LA BRUMA

Mensaje por Amalia Lateano el Jue Dic 27, 2012 7:36 pm

Muchas gracias mi estimada amiga NOEMÏ,

Agradezco tu bella presencia que acompaña mis letras,

así como tu valioso comentario.

Un cordial saludo para ti,
con aprecio y llenito de amistad.
Amalia


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