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“Te amo, Te odio”

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“Te amo, Te odio”

Mensaje por Amalia Lateano el Dom Ago 18, 2013 4:21 pm

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La mañana es fría calando en mis huesos, todo lo cubre una bruma espesa, todo es color gris. Se ve tan hermosa con vestido de duelo, sus delicadas manos sostienen la firme y tosca pistola, otorgadas brillantemente por mi testigo Sir Laurence.
La odio, la aborrezco, no soporto su presencia cerca, pero a la vez la amo con toda mi alma. No sé qué haría si faltara en mi vida.
Suena un poco complicado y más ahora que estoy a punto de meterle una bala entre los ojos.
¿Cómo llegamos a esto?, no lo sé, éramos felices, vivíamos cómodamente en una gran casa a las afueras de Paris. Nuestra riqueza eso si, obtenida en base de engaños y estafas a personajes influyentes, que por vergüenza o simple precaución compraban nuestro silencio.
Nunca quisimos hijos, eso entorpecería nuestro trabajo, claro que muy en el fondo, era lo único que yo deseaba, una familia normal.
Vivíamos en harmonía, hasta que llego a nuestras vidas el Márquez de Saint-Claire; rico, influyente y medianamente atractivo, esa es mi puta opinión, ya que lo odio con todo mi ser, maldito mal nacido¡¡¡.
Ella cayó rendida inmediatamente ante sus encantos, dejándose llevar por el corazón y la gran fortuna que poseía el maldito bastardo burgués.
Las visitas eran cada vez más regulares, dejando ella sobre mis hombros, todo el trabajo de nuestro oficio, del cual debo decir estoy muy orgulloso. Podría definirlo hasta como un fino arte.
La cortejo durante medio año, llenándola de regalos exóticos y costosos.
El golpe de gracia a mi corazón, fue al final de la primavera, cuando el sucio cerdo le propuso matrimonio. Hice todo lo posible a mi haber, para convencerla de abandonar semejante locura, pero la codicia era más fuerte que su amor por mi.
El matrimonio se celebro un día antes de las fiestas de pascuas, en una campiña cerca de Lyon.
Parte de la corte estaban invitados, por ende muchos de nuestros “amigos”. Obviamente mi presencia fue tajantemente prohibida, teniendo la guardia órdenes concretas de eliminarme si intentaba algo.
Mi alma y mi orgullo estaban destruidos, lo volqué hacia antiguos placeres y amistades de dudosa reputación. Lo cual no lleno el vacio y dolor que dejaba su ausencia y su gran estupidez… maldita¡¡¡.
Después de pasar el invierno más frio de mi vida, donde su recuerdo me atormentaba a diario, decidí, en un arrebato de idiotez y locura, terminar con esa farsa para siempre.
Un día a principios de primavera, llegue sin aviso previo a su morada, irrumpí en los comedores, como suponía debían estar a esas horas. Lo cual me facilito mucho las cosas.
Me acerque a ella, la bese en los labios (son ningún pudor, de tomas maneras ella era mía); encendiendo la ira del bastardo, tome un vaso de agua y se lo arroje en la cara al muy desdichado.
No le deje otra salida que retarme a duelo, ahí en sus jardines, en ese momento. Esa era mi intención desde un principio.
Uno de mis más fieles sirvientes me acompañaba, me miraba con ojos de inquietud, yo lo tranquilicé con una sonrisa, en el fondo sabía que podía morir, pero la experiencia me enseño a esconder muy bien el miedo.
Él apareció con uno de sus lacayos y unas pistolas de duelo, que debo decirlo, eran hermosas. Mangos y detalles tallados en marfil.
Nuestros sirvientes inspeccionaron las armas, no encontrando detalles ni errores.
Se dio visto bueno para comenzar. Espalda con espalda, los diez pasos reglamentarios.
Cuando di la vuelta y dispare, sentí su bala rozar mi cabeza, en el preciso instante que veía la mía hundirse en su pecho, manchando de sangre su blusa de bordados.
Ella corrió hacia él; la marquesa llorando al marqués. Nunca supe si era actuación o no. Aunque sus lágrimas eran muy convincentes.
Me marche sin más. Como era costumbre me lleve las armas y la deje ahí, junto al cuerpo del desgraciado, sin ningún tipo de remordimiento en mi corazón, solo una gran duda.
No pude tranquilizar mi corazón en las semanas siguientes, seguía muy inquieto, ella no se había comunicado, había desaparecido sin más.
Me inquietaba, no sabía nada de ella. ¿Tal vez si amaba a Saint-Claire?, como saberlo, en su casa no había nadie, solo algunos sirvientes.
Una mañana muy temprano apareció en la entrada de mi casa, con sellos reales en sus puertas, un carruaje. Me llamaron a la puerta inmediatamente, bajó del mismo, más hermosa que nunca, venia con dos consejeros de la corte y una carta firmada por el propio Rey. Que la autorizaban a convocar duelo por sus propias manos, ante mi agravio y mi falta de sutileza, declaraba “Vendetta”, la antigua palabra italiana para “Venganza”.
Leyeron la carta en voz alta, ella me miraba fijamente a los ojos, como esperando alguna reacción de mi parte.
Mi corazón se había detenido, la miraba, pero mi vista estaba mas allá, se perdía en los recuerdos de felicidad con ella, se perdía en aquellos años de promesas eternas y amor infinito. Maldita… la odio tanto!!!.... pero la amo como a nadie.
Se fijo el encuentro para el día siguiente, a las primeras luces del alba. Sir Laurence, a quien había regalado las pistolas del duelo anterior, propuso usar las mimas en esta ocasión. Que sutil ironía. Las mismas armas con las cuales ocasione su desdicha, las mismas con las cuales me matara.
No dormí en toda la noche, sabía lo que pasaría en la mañana, la mataría sin más y por su parte haría lo mismo; la única persona tan buena con las armas como yo, era ella, mi amada, mi perdición.
Estaba en el sitio acordado antes del amanecer, con los consejeros reales para hacer cumplir las formas.
Nos entregaron las pistolas cargadas y aquí estoy, espalda con espalda, sintiendo su calor por última vez.
“No quieres hacer esto MARQUESA” – “Claro que si, te comportaste como un completo imbécil, estaba enamorada de Saint-Claire, lo mataste, ahora te matare a ti” – “Con esas palabras acabas de matar mi corazón querida… ¿sabes que te odio verdad?, pero nunca dejare de amarte, aunque te comportaste como una puta” – “Terminemos esto de una vez, tengo cosas que hacer en la corte” – “Te amo MARQUESA”.
Los consejeros comienzan la cuenta de diez pasos -“1,2,3,4,5,6,7,8,9,10”- ni siquiera hago el intento por levantar mi arma contra ella al voltearme; su bala entra justo en medio de mi pecho. Eso me da tiempo para ver su cara una última vez antes de caer, antes de sumirme en la oscuridad, la eterna oscuridad.


Publicado por Michel M. Deb en [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo]
Gracias MICHEL, por este maravilloso relato.Eres uno de mis amigos  dilectos.
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Amalia Lateano
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Re: “Te amo, Te odio”

Mensaje por Nora Noemí el Mar Ago 20, 2013 3:04 pm

Esas maravillosas historias de duelos ,…románticas … quedarán seres así???
Muchas gracias querida Amalia
Noe
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Nora Noemí
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