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HEREJÍAS EN LOS 20 SIGLOS DE LA IGLESIA

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HEREJÍAS EN LOS 20 SIGLOS DE LA IGLESIA

Mensaje por CECILIA CODINA MASACHS el Mar Ago 20, 2013 5:17 am

  
HEREJÍAS EN LOS 20 SIGLOS DE LA IGLESIA  
 
Siglos XIII – XV  
Hermanos del Libre Espíritu (s. XIII) – comunidad sectaria surgida en las regiones de Flandes y Renania. Estuvo liderada por el teólogo Amaury de Bene (+ 1206), David de Dinant (+1215) y Otlieb de Estrasburgo (+1215). Según algunos investigadores, el pensamiento de Amaury de Bene estuvo influenciado por las obras del teólogo, Juan Scotto Eurígena y su escuela Palatina, aunque llevando al extremo sus opiniones. De marcado sesgo anti-jerárquico, sus seguidores cultivaron ideas panteístas, al sostener que Dios estaba en todo y en todos a través de la presencia del Espíritu Santo, lo que ocasionaba una fusión entre Dios y la criatura. Al negar la existencia del pecado creyeron innecesario recurrir al auxilio de los sacramentos ya que el hombre no debía someterse a las limitaciones que impone la ley moral. Desconocieron la divinidad de Jesucristo como así también su acción redentora. En cambio, defendieron la eternidad de la creación. Rechazaron la validez de la Iglesia, de los sacramentos y de las Sagradas Escrituras. Marcados por una tendencia netamente anarquista, se opusieron a todo orden establecido. Conocidos también como ‘bons enfants’, ‘amaurinos’, ‘pauperes Christi’, sus doctrinas fueron condenadas por el papa Inocencio III (1198-1216), lo que motivó a que Amaury de Bene se retractara. Según algunos cronistas, esta comunidad  fue acusada de promover el libertinaje, dadas sus prácticas de amor libre, nudismo y otras desviaciones. Al ser duramente reprimidos por las autoridades eclesiásticas y seculares, los hermanos del Libre Espíritu finalmente desaparecieron.
Joaquinistas (s. XIII) – movimiento formado alrededor de las ideas de neto corte milenarista promovidas por el monje cisterciense Joaquín de Fiore (Calabria 1155-1202).Tales  fueron luego recogidas, enriquecidas y difundidas por discípulo, el franciscano Gerardo Di Borgo San Donino a través de su libro‘Introductio ad Evangelium Aeternum’. Di Fiore, autor de numerosas obras entre las cuales se destacó la ‘Expositio ad Apocalypsim’ (para muchos estudiosos creador de una escuela exegética), creía en el inminente advenimiento del Mesías quien instalaría un reinado de paz con la consiguiente expansión del cristianismo por todos los rincones del orbe.
 Dividía el proceso, según la historia de la humanidad,  en tres etapas, la primera había acaecido en los tiempos del Antiguo Testamento y que denominaba la ‘Era del Padre’; la segunda tuvo su inicio con la Encarnación del Verbo, denominándola la ‘Era del Hijo’ y la tercera estaba aún por venir –que según sus cálculos ocurriría en el año 1260- y que llamaba la “Era del Espíritu Santo’. Esta última etapa, como dijéramos, se caracterizaría por un estado de paz generalizada, cuyo modelo era la vida de los monjes, en el que los hombres vivirían en un paraíso terrenal bajo el reinado de Cristo. Como consecuencia de ello, de Fiore creía en la innecesaridad futura de la Iglesia visible la que irremediablemente desaparecería absorbida por una Iglesia espiritual. 
Por otro lado, la heterodoxia de su teología trinitaria fue la que trajo aparejadas las censuras del IV concilio de Letrán. Creía el abad Joaquín que aunque el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo fueran una esencia, esta unidad no era verdadera, sino colectiva, con lo que sus ideas caían en el error del ‘triteísmo’ típico de los pueblos paganos de oriente, comprometiendo así la doctrina de la unidad divina. Años después de su muerte, durante el IV Concilio Ecuménico de Letrán (1215) llevado a cabo durante el pontificado de Inocencio III (1198-1216), sus doctrinas fueron condenadas. Sin embargo, ello no fue óbice para que tales ideas fueran recogidas por otros en el devenir de la historia, entre los cuales cabe destacar a la comunidad de origen franciscano conocido como los ‘Espirituales’ (s. XIII) y en nuestros días, seguidas por un sinnúmero de sectas de origen cristiano como es el caso de los Testigos de Jehová.
Espirituales (s. XIII) – comunidad de ideas heterodoxas surgida del franciscanismo, conocidos también como ‘zelanti’. Defensores de una visión radical y absoluta del ideal de pobreza, los espirituales adhirieron a las doctrinas milenaristas propugnadas por Joaquín de Fiore (+ 1202) y difundidas por Gerardo Di Borgo San Donino. Sus posturas extremistas se hizo extensiva también a todo estudio filosófico, principalmente del aristotelismo, rechazando toda participación de sus seguidores en  estudios universitarios. Entre sus principales líderes cabe destacar a Juan de Parma (+ 1257); Juan Pedro Olivi (1248-1298); Angel Clareno (1247-1337) y Ubertino de Casale (1259-1328), estos últimos dos fundadores del movimiento conocido como los ‘fraticelli’. Las heterodoxas posturas de los espirituales merecieron la condena del papa Juan XXII (1316-1334) mediante el dictado de la Bula ‘Cum Inter Nonnullos’  (1323).
Hermanos Apóstoles (s. XIII) – comunidad surgida del franciscanismo cuyo principal líder fue Gerardo Segrelli (+ 1268) secundado por fray Dolcino. Extendida principalmente por el norte de Italia, rechazaban toda forma de propiedad privada y adherían a las ideas milenaristas propugnadas por el joaquinismo. Al repudiar las decisiones adoptadas en el II Concilio ecuménico de Lyon (1274) llevado a cabo durante el pontificado de Gregorio X (1272-1276), en el que se condenó la radicalidad de algunos movimientos mendicantes, se inició contra ellos una severa represión que ocasionó su extinción en los albores del s. XIV.
Wiclefitas (s. XIV) – movimiento suscitado por el sacerdote inglés, John Wicleff (1324-1387). Este se desenvolvió sucesivamente como predicador  de Lutterworth, párroco de Fillinghan y profesor de teología en Oxford. Escribió diversas obras, destacándose entre ellas el ´Triálogus’ (1382) donde volcó sus principales ideas reformistas, principalmente dirigidas contra las costumbres del clero,  la posesión de bienes y los desórdenes vividas por el papado durante el ‘Gran Cisma’ de occidente. Propugnó la existencia de una Iglesia espiritual, acusando a la Iglesia Católica de ser ‘la sinagoga de Satanás’ y‘cuerpo del anticristo’
Rechazó la validez de toda autoridad de orden temporal o espiritual que no estuviera en estado de Gracia, dado que creía que el poder sólo podía ser ejercido por delegación divina. Colocó a la Biblia como la única regla de Fe de los creyentes y rechazó distintas doctrinas como la presencia real de Cristo en la Eucaristía, la existencia del purgatorio, el celibato de los sacerdotes, la supremacía papal, el culto a los Santos, los votos monásticos y el sacramento de la confesión. Creía en la doctrina de la predestinación, afirmando que desde toda la eternidad, el hombre se encontraba predestinado para la salvación (elegidos) o la condena (réprobos). Fue un extrovertido y violento predicador, muchas de cuyas doctrinas fueron retomadas por los reformadores del s. XVI, motivo por el que solían llamarlo ‘la estrella matutina de la reforma’.  
Propuso Wicleff confiscar los bienes de los pecadores bajo el pretexto de que el derecho de propiedad estaba fundado en la gracia divina. Esta doctrina fue rápidamente apoyada por aquellos (generalmente los nobles) que estaban ávidos de hacerse de los bienes ajenos, principalmente de los eclesiásticos. Durante el concilio llevado a cabo en Canterbury (1382) fueron condenadas 10 de sus proposiciones y consideradas peligrosas 14 de ellas, decidiéndose la suspensión de la titularidad en la cátedra que ocupaba en Oxford. Wicleff apeló tal decisión ante el Parlamento inglés, logrando su rehabilitación, previa exigencia de una ortodoxa confesión de Fe (muchos creen que la misma no fue del todo sincera). Luego de su muerte (1387), 45 errores de Wicleff fueron condenados en el concilio ecuménico de Constanza (1414-1418), convocado por el papa Gregorio XII (1406-1417), condena que fue reiterada por el papa Martín V (1417-1431) mediante el dictado de las bulas ‘Inter Cunctas’ ‘In eminentis’.
Husitas (s. XIV) – El bohemio (checo), Jan Huss (1369-1415), fue sacerdote, teólogo, filósofo, profesor y rector de la Universidad de Praga. Investido de un fuerte espíritu reformista como nacionalista y dotado de una extraordinaria elocuencia, predicó –aprovechando el descontento de sus compatriotas contra el dominio germánico y la influencia latina- contra el abuso en la distribución de las indulgencias. Las ideas propugnadas por Wicleff ejercieron una fuerte influencia en él, encargándose de traducir el ´Trialogus’. Huss, junto a su discípulo Jerónimo de Praga, predicó apelando a la autoridad de la Biblia de la que se consideraba su verdadero intérprete. 
Dirigió fuertes diatribas contra el clero y el papado, exigiendo una reforma de la Iglesia. Es allí cuando interviene el arzobispo de Praga, Sbiuk, quien les prohibió seguir con tales prédicas, a lo que Huss y su discípulo hicieron caso omiso. Expulsados de Praga, Huss continuó divulgando sus ideales por toda la Bohemia, siendo excomulgado en 1412 por el anti-papa Alejandro V (1409-1410). Convocado un nuevo concilio ecuménico en Constanza (1414-1418) por el papa Gregorio XII (+1417), Huss fue llamado para que defienda sus teorías. Habiendo logrado un salvoconducto otorgado por el emperador alemán, Segismundo de Luxemburgo (1411-1437), aquél se presentó en el concilio sin que con sus explicaciones lograra convencer a los padres conciliares. Así, en la XV sesión (06/7/1415) 30 de sus proposiciones fueron condenadas por heréticas, siendo Huss reducido al estado secular. 
En ese estado de cosas, y no habiendo abjurado de sus opiniones, el emperador Segismundo decidió condenarlo a muerte en la hoguera, corriendo la misma suerte su discípulo, Jerónimo de Praga, poco tiempo después. La ejecución de Huss, quien era considerado un verdadero prohombre por los bohemios (siendo en la actualidad considerado el padre de la lengua y literatura checa), provocó innumerables revueltas en su tierra natal. Descabezado el movimiento husita, no tardó esto en generar insalvables tensiones internas que llevaron a la postre a inevitables escisiones. Así, por un lado estaban los moderados utraquitas (o calicistas) quienes exigían la comunión bajo las dos especies; y por el otro, los radicalizados taboritas, cuyo principal líder fue Juan Ziska (llamado en realidad, Juan Trocznowa). Estos últimos no tardaron en involucrarse en la acción política, recurriendo a la acción armada para defender sus ideales. 
Temidos por el uso que hicieron de la violencia (fueron los encargados de llevar adelante múltiples masacres contra los católicos checos), los taboritas comenzaron a tener innumerables victorias en el campo de batalla, las que obtuvieron incluso en territorio alemán y húngaro. Muerto Ziska, le siguió en el liderazgo Procopio Hoby (el Calvo). De un notable genio militar, al igual que su antecesor, continuó con los triunfos militares. Convocado un concilio en Basilea por el papa Martín V, los husitas decidieron participar con el fin de lograr la aprobación de 4 proposiciones, a seguir: a) que los sacerdotes pudieran predicar libremente la Palabra de Dios; b) que la comunión debía ser administrada bajo las dos especies; c) que el clero fuera despojado de sus bienes, y d) que se imponga pena capital a los sacerdotes por sus pecador mortales públicos (vgr. simonía, concubinato, abuso en la dispensa de indulgencias, etc.). Al no conseguir una rápida decisión, los husitas se retiraron del concilio. Sin embargo, los padres conciliares decidieron enviar teólogos a Praga llevando modificaciones a los 4 artículos propuestos. El partido utraquista rápidamente aceptó llegar a un acuerdo conocido como ‘Compromiso de Praga o Compactata’ (1433), logrando con esto la vuelta a la comunión con la Iglesia de Roma. En cambio los taboritas lo rechazaron, reasumiendo la lucha armada. En ese estado de cosas, el emperador Segismundo ingresó de lleno en la lucha contra los husitas, venciéndolos en la batalla de Lipania (1434), en la que murió su líder Procopio. Como consecuencia de ello, los husitas fueron dispersados y lentamente se perdieron, principalmente al ser absorbidos por el movimiento reformista surgido en el siglo XVI.
Hermanos Moravos o ‘Unitas Fratrum’ (s. XV) – constituyen éstos uno de los múltiples desprendimientos del movimiento husita, originados luego de la muerte de Jan Huss (+1415), cuyo surgimiento se remonta al año 1457 con el nombre de ‘Unitas Fratrum’  (o Unidad de los Hermanos). Su iniciador fue un tal Gregorio (+1473), convencido de que la Iglesia romana había caído en una insanable corrupción. Primeramente, el movimiento se caracterizó por sus tendencias comunitarias y pacifistas, a la abolición de los rangos jerárquicos y a un rechazo al sacramento de la Eucaristía, reemplazándolo por una especie de comida común o ‘memorial’ para la que utilizaban vino y pan. Aceptaron la doctrina de la justificación por la sola Fe y la caridad. Promovieron la pobreza evangélica en la vida de sus acólitos, principalmente de sus pastores quienes además debían vivir según la regla del celibato, para cuyo cumplimiento crearon una especie de Comité de Vigilancia. Adoptaron la confesión pública de los pecados considerados de público conocimiento, modalidad que debía ser estrictamente cumplida bajo pena de excomunión. 
Hicieron necesario el re-bautismo de los conversos. El surgimiento, durante el siglo XVI, de la llamada reforma protestante, provocó que los seguidores de la Hermandad se volcaran decididamente a su favor. La derrota de aquellos por parte del emperador Carlos V durante la batalla de Muhlberg (1547) dio origen a su dispersión, refugiándose principalmente en Polonia, Prusia y Hungría, países en los que surgieron pequeñas comunidades de los Hermanos Moravos. El ingreso a la comunidad por parte del conde alemán; Nicolás Luis von Zinzendorf (170-1760), fue fundamental en la vida de la Hermandad. 
Habiendo tomado contacto con el grupo establecido en Herrnhut, no tardó en hacerse cargo de la misma, ejercer como predicador y luego, recibir consagración episcopal. Criado en un ambiente pietista, fomentó la vida de quietud, la oración en común, el uso de la Biblia como única regla de Fe, la validez de sólo dos sacramentos: el Bautismo y la Cena del Señor y constituyó una jerarquía de tipo episcopal, cuyos obispos eran los encargados de ordenar ministros. Importante fue la promoción de la actividad misionera sobre todo en Inglaterra (1737) y sus colonias americanas, para luego extenderlas al África y América del Sur. En la actualidad, los Hermanos Moravos se destacan por una fuerte acción ecuménica, integrando desde sus inicios (1948) el Consejo Ecuménico de las Iglesias.
 
Fuente: Gabriel Ernesto Fandiño para defiendetufe.org 
 
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