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Mensaje por Fedra el Dom Oct 06, 2013 6:40 pm

La undécima musa: poeta, personaje y mito

por Alma Leticia León

Una tarde de primavera, allá por los setenta paseaba con mis amigas de secundaria por el Monumento de la Revolución del Distrito Federal, cuando surgió una criatura como de película de Federico Fellini: una mujer enfundada en un vestido negro brillante cubierto por un impermeable de plástico transparente; pelo corto pintado de rojo y adornado con claveles marchitos, cuajada de joyas de fantasía. Lanzaba paragüazos a todos los que se le acercaban. Caminó hacia nosotras y gritó:

"¡Yo soy bruja, apóstata y hereje!
"¡Bella, inquietante, blanca y alarmante!
"¡Yo soy eternamente desquiciante..!"

Miraba para todos lados con unos ojos grandes remarcados por una intensa sombra azul, aumentados por unos lentes que le caían a media nariz; no nos miraba a nosotras, habitaba su propio mundo, estaba en otro escenario y ante otro público. Un transeúnte nos informó que aquella aparición surrealista era Pita Amor, la que ya nada tenía que ver con la desbordante modelo de Diego Rivera, Raúl Anguiano y Juan Soriano, entre otros.

Pasajes muy similares a éste encontré en La undécima musa: Guadalupe Amor, de Michael Karl Schuessler. Una biografía escrita por un joven doctor en Lenguas y Literaturas Hispánicas de la Universidad de California, teniéndola a ella misma como su principal fuente.

El autor empezó la investigación en 1990, totalmente seducido por la artista y su poesía de “versos de terrible dolor, aguda inteligencia y vanidad gloriosa”, esperando preservar la obra y alarmado porque “tradicionalmente en México, el reconocimiento a sus artistas femeninas se les da –sí es que se les da– después de muertas; espero con este libro establecer un modelo para la futura documentación de las tan ignoradas contribuciones por la mujer al gran prestigio de goza actualmente la literatura mexicana” (p. 20).

Al libro lo conforman cuatro visiones, que son el primer contacto del escritor con la obra de Pita y la relación que mantuvieron. Recobra la infancia con recuerdos y acontecimientos que después forjaron el mito de la poeta. Reconstruye la carrera literaria basándose en reseñas, artículos y entrevistas periodísticas. Finalmente, explica la decadencia de la poeta a partir de la muerte de su único hijo.

Guadalupe Amor (1920-2000) plasmó en su poesía temas metafísicos: le cantó a Dios, a la muerte, a la soledad, a la angustia, a la nada. Sus "Décimas a Dios" le valieron que en España, Latinoamérica y México se le comparara con San Juan de la Cruz y Santa Teresa de Jesús. Salvador Novo la llamó "La Undécima Musa".

"El Aprendiz de Ruiseñor", como le llamó la poeta a Michael Kart, nos dejó un testimonio muy valioso de como una mujer, en un mundo tradicionalmente masculino, logró una posición como poeta y personaje, como mito y mujer plena en el México de la última mitad del siglo XX.



Yo soy mi propia casa
I

Casa redonda tenía
de redonda soledad:
el aire que la invadía
era redonda armonía
de irrespirable ansiedad.

Las mañanas eran noches,
las noches desvanecidas,
las penas muy bien logradas,
las dichas muy mal vividas.

Y de ese ambiente redondo,
redondo por negativo,
mi corazón salió herido
y mi conciencia turbada.
Un recuerdo mantenido:
redonda, redonda nada.

II

Escaleras sin peldaños
mis penas son para mí,
cadenas de desengaños,
tributos que al mundo dí.

Tienen diferente forma
y diferente matiz,
pero unidas por los años,
mis penas, o mis engaños,
como sucesión de daños,
son escaleras en mí.

III

De mi esférica idea de las cosas,
parten mis inquietudes y mis males,
pues geométricamente, pienso iguales
lo grande y lo pequeño, porque siendo,
son de igual importancia; que existiendo,
sus tamaños no tienen proporciones,
pues no se miden por sus dimensiones
y sólo cuentan, porque son totales,
aunque esféricamente desiguales.

IV

Me estoy volcando hacia fuera
y ahogándome estoy por dentro.
El mundo es sólo una esfera,
y es al mundo al que pidiera
totalidad, que no encuentro.

Totalidad que debiera
yo, en mí misma, realizar,
a fuerza de eliminar
tanta pasión lastimera;
de modo que se extinguiera
mi creciente vanidad
y de este modo pudiera
dar a mi alma saciedad.

V

De mi barroco cerebro,
el alma destila intacta;
en cambio mi cuerpo pacta
venganzas contra los dos.

Todo mi sér en pos
de un final que no realiza;
mas ya mi alma se desliza
y a los dos ya los libera,
presintiéndoles ribera
de total penetración

VI

Yo soy cóncava y convexa;
dos medios mundos a un tiempo:
el turbio que muestro afuera,
y el mío que llevo dentro.
Son mis dos curvas-mitades
tan auténticas en mí,
que a honduras y liviandades
toda mi esencia les dí.

Y en forma tal conviví
con negro y blanco extremosos,
que a un mismo tiempo aprendí
infierno y cielo tortuosos.




Adentro de mi vaga superficie
Adentro de mi vaga superficie
se revuelve un constante movimiento;
es el polvo que todo lo renueva,
destruyendo.

Adentro de la piel que me protege
y de la carne a la que estoy nutriendo,
hay una voz interna que me nombra;
Polvo tenso.

Sé bien que no he escogido la materia
de este cuerpo tenaz, pero indefenso,
arrastro una cadena de cenizas:
polvo eterno.

Tal como yo han pasado las edades,
soportando la lucha de lo interno,
el polvo va tomando sus entrañas
de alimento...

¡Humanidad, del polvo experimento
Fedra
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