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LAS VANGUARDIAS POÉTICAS

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LAS VANGUARDIAS POÉTICAS

Mensaje por FORTUNATO el Sáb Nov 02, 2013 8:36 pm

CONTINUACIÓN
Por otra parte, el tema de la ciudad ha sido asumido por los poetas modernos con una aguda sensación paradójica que fluctúa entre la aceptación y el rechazo. La pronta secularización que la modernidad trajo en el plano estético; la ruptura con la topología urbana premoderna; el situarse en un ambiente de "fisiologías" citadinas de rápidos cambios estructurales, hizo del poeta moderno un ser ávido de asimilar estos éxtasis en movimiento, como de rechazar los ambientes de soledad, masificación y anonimato a que la ciudad nos lanza. Excitación y terror: Baudelaire frente a los bulevares del alcalde Haussmann; Rimbaud en actitud de "ser absolutamente moderno"; Poe dándose un baño de multitud; José Asunción Silva, provinciano en París, dan cuenta de algunas sensibilidades de finales del siglo XIX que sintieron los primeros aletazos de la ciudad burguesa en vías de masificación.
Por supuesto, algunos de nuestros más grandes y caros poetas de principios del siglo no fueron ajenos a estos azares de la modernización y la modernidad citadina. Darío, y la mayor parte de la generación del 98, junto a los modernistas latinoamericanos, expresaron su sentir frente a esos "monstruos elevados" o ciudades que se agitaban ante sus ojos y sobre los cuales escribirían hondos y sentidos poemas.
Pero la gran aventura del habitar, cifrar y descifrar la ciudad masificada se la debemos a las Vanguardias. Estas experimentaron una ciudad construida a través de las últimas conquistas de la racionalidad instrumental y con las estructuras monopolistas económicas burguesas, lo que desembocó en conglomeraciones caóticas cuyos resultados fueron la cosificación y enajenación del hombre. El surrealismo no estuvo jamás ausente de estos sucesos. Sus integrantes alzaron armas críticas frente a la razón enajenante capitalista, imponiéndose el reto de la ruptura, la trasgresión, la rebeldía y la revolución. Utopía y sueño; imaginación y libertad contra las sensibilidades masificadas. El hombre de acción capitalista - que tanto preocupó a los escritores del diecinueve- se enfrentó a la acción poética vitalista.
En España esto tuvo sus grandes conquistas y ventajas. El surrealismo español, representado especialmente por Lorca, Alberti, Aleixandre, Cernuda, Hinojosa, Larrea... también asume una fuerte crítica a la ciudad, edificando poéticas disímiles y ricas en este aspecto. La ciudad vista como "pesadilla" que abate al hombre; como espacio apocalíptico y negador de nuestros deseos, es, según Bellver, "un arquetipo que encarna la angustia existencial de unos poetas que se ven expulsados de su paraíso personal y obligados a vivir en un infierno urbano, colectivo". (Bellver 1983: 542). De tal manera que prima en sus sensibilidades las dicotomías de infierno/paraíso; civilización/naturaleza; bien/mal, lo que nos ubica en una mentalidad judeo-cristiana tan viva en algunos de ellos (Lorca, Cernuda). Lo dicotómico toca no sólo aspectos de índole religioso, sino gnoseológicos tales como la disparidad entre sujeto y objeto (yo-mundo), individuo y colectividad, lo real y lo ideal, el deseo y la realidad (este último soberano en toda la obra de Cernuda). No estaban desterrados ni marginados del mundo vanguardista los españoles. Las mismas problemáticas se ventilaban en Zurich, Berlín y en París. Conectados a estas tendencias -al menos con las "sensibilidades de época", los poetas españoles registraron una angustia de modernidad: el sentir la lenta y paulatina secularización de un mundo mágico-provincial no moderno, y la apertura de una mentalidad aldeana hacia la ciudad masiva. De allí el negativismo y choque de Lorca en Poeta en Nueva York; la sensación de exilio en Cernuda; la oscuridad y soledad en la ciudad albertiana; el símbolo de maldad y de caos para Aleixandre.
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