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LAS VANGUARDIAS POÉTICAS

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LAS VANGUARDIAS POÉTICAS

Mensaje por FORTUNATO el Sáb Nov 02, 2013 8:39 pm

Por su parte, y como buen visionario, Apollinaire observó en los pintores cubistas un cambio en la concepción y en la percepción de la imagen, la belleza y la realidad. El cubismo modificó profundamente las categorías clásicas del arte, su objetividad, los conceptos de armonía, orden, límite, la racionalidad proporcional, e impulsó (ya elaborada claro está por algunos de sus antecesores) una visualidad simultánea que ponía en juego las categorías de la mirada artística, produciéndose una ruptura radical con la naturaleza, los sistemas morfológicos tradicionales y la mímesis plástica: "Se puede pintar con lo que se quiera, decía Apollinaire, con pipas, con sellos de correos, con postales, con naipes, con candelabros, con trozos de hule, con cuellos postizos, con papel pintado, con periódico..."(1994: 16 ). Y Tristan Tzara argumentaba: " El pintor nuevo crea un mundo, cuyos elementos son también los medios, una obra sobria y definida, sin argumento. El artista nuevo protesta: ya no pinta ( reproducción simbólica e ilusionista) sino que crea directamente en piedra, madera, fierro, estaño, organismos locomotores a los que puede voltear a cualquier lado el viento límpido de la sensación momentánea" (1994:16) lo que da como resultado el collage, el caos que nos manifiesta y proyecta tal como somos.
Apollinaire invitaba, hacia 1913, a producir un colapso sobre todo en el tríptico platónico Belleza, Bondad, Verdad, sepultando la noción de realidad tridimencional, abriéndose a la modernidad del caos y a la cuarta dimensión, es decir, al espacio mismo, a la dimensión del infinito, la que, según este poeta, dota a los objetos de plasticidad. Al proponerse producir una ruptura con las dimensiones euclidianas, surgen las dimensiones problemáticas, impulsoras del desvío del gusto. Eventos posteriores llevarían al Surrealismo a profundizar sobre la concepción de realidad y sobre los múltiples subjetivismos estéticos dentro de las vanguardias. Después de esto el arte no volvió a ser el mismo.
En pleno fulgor surrealista, la conocida frase de André Breton "hay un hombre a quien la ventana ha partido en dos", situaba a los artistas en las peticiones teleológicas estético-poéticas y culturales de las vanguardias. Si algo ha quedado claro después del primer manifiesto surrealista, es que este movimiento propuso no sólo un proceso de transformación del arte del siglo veinte, sino una subversión, tanto rebelde como revolucionaria, de las más profundas estructuras antropo-filosóficas de Occidente. Sus ambiciones de transformar el mundo y cambiar la vida, ponían en tela de juicio los conceptos más primigenios de la noción de realidad y toda la sistemática elaboración de la lógica normativa formal con sus tres principios centrales, como también las ideas de verdad racional.
Cierto es que el camino había sido ya horadado por la estética romántica y por F. Nietzsche. Algunos Simbolistas y Malditos siguieron talando el bosque de la racionalidad instrumental moderna. Las vanguardias fueron el resultado de estas grandes empresas. El Surrealismo, como uno de los últimos movimientos de entreguerras, levanta también sus armas frente a una desvertebrada cultura en crisis llena de angustia y desesperanza. ¡Cambiar todo!; poner en su lugar a las dogmáticas nociones sobre la realidad; atacar el sectarismo cristiano y a la sociedad capitalista; construir otras lógicas, otras éticas, otras estéticas más acordes con el poético sueño del hombre occidental.
Al estudiar los fundamentos teóricos vanguardistas, casi todos los analistas llegan a un punto de encuentro sobre las mismas: la profunda ambición de cambio, la necesidad de renovación y transitoriedad de un orden a otro. Así, en el Dada se pretende abolir las fuentes ancestrales de la lógica occidental, es decir, el dualismo contradictorio. "Orden= desorden; ego = no ego; afirmación = negación" escribe Tzara. Emprender un gran trabajo negativo de destrucción reafirma su obsesión por el cambio.
Lo no racional y lo ilógico, el sueño, el inconsciente, la imaginación, la intuición, la consagración del instante, lo inefable, la locura, el misterio, el vitalismo, se oponen al sistema normativo de uniformidad. En el arte de las vanguardias existe la mitificación del vagabundo romántico que inflige las leyes sociales, políticas, estéticas, religiosas, morales, proponiendo, a lo nietzscheano, nuevas tablas de valores. "Estoy contra los sistemas, escribe Tzara, el más aceptable de los sistemas es no tener, por principio, ninguno" (1994: 20).
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