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LA VANGUARDIA POÉTICA

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LA VANGUARDIA POÉTICA

Mensaje por FORTUNATO el Sáb Nov 02, 2013 8:46 pm

Por Carlos Fajardo Fajardo
Ambigüedad positiva y negativa que despertó interés no sólo en la estética sino en la política, lo que hizo que la vanguardia asumiera una cierta "pérdida de autonomía" del arte y pasara a conformar un más allá del arte, es decir, una correspondencia entre la utilidad práctica transformativa de la estructura simbólica artística, llevada a praxis revolucionaria. El arte aquí se conjugó con la utilidad y a veces con la actividad partidista. "Un esfuerzo por intervenir en los quehaceres sociales, por aprehender la sociedad y la cultura como un todo, y por transformarlas con arreglo a la recién descubiertas categorías estéticas y utópicas" (Subirats 1989: 94). Por lo tanto, la categoría de trascendencia romántica se legitimó, adquiriendo de nuevo un proyecto llamado progreso, futuro, búsqueda del absoluto. Necesidad de fundar valores nuevos a través de la actividad artística, que con las vanguardias asumió matices de compromisos ideológicos. De allí su origen moderno y el ser hija de la racionalidad crítica, su pasión por la autocrítica y "la idea de renovación, de reformulación siempre comenzada a partir de cero de valores individuales y colectivos..." (Subirats: 84).
Subirats insiste en este aspecto. La vanguardia, igual que el Humanismo, la Reforma, la Ilustración es producto de la modernidad, y ello es lo que da su mayor y mejor sentido. Negación y autosuperación con la idea del tiempo moderno, con la noción de crisis y fractura, de linealidad temporal y secuencialidad de la civilización. Esto elevó el deseo de conseguir nuevos estilos estéticos para, al decir de Bretón, transformar no sólo el mundo sino cambiar la vida.
Sin embargo, ya lo anunciamos arriba, la época heroica y utópica de la vanguardia vio caer sus banderas y manipular sus armas por la industria cultural y la tecno-cultura. Para muchos estas utopías han muerto, pues sus valores estético-políticos se han legitimado y reproducen el orden del establishment . Neoconservadora, hoy la vanguardia es víctima de las burocracias que tanto combatió, de las tecnocracias y del mercado internacional que la explota como mercancía exótica de un pasado mesiánico y genuino. Su trascendencia, reflexión, ruptura, pulsión crítica, la fe en el triunfo por la libertad, han decaído. La crisis de la modernidad ha presupuestado una época de vacíos y nihilismos realizados, es decir, el desencanto del desencanto moderno o posmodernidad. Según Subirats, este decaimiento es el resultado de la dialéctica interna que impulsaba a la vanguardia. Por una parte, su signo revolucionario, por otra, su deseo de racionalizar la vida a través de un proyecto que legitimara un sistema utópico, pero sistema normativo al fin y al cabo. Acabados los tiempos de la tensión crítica e impuesta la época de la relajación sintética, los objetivos de la emancipación se disuelven, quedando sólo los de legitimación del sistema o establecimiento.

Las vanguardias se han convertido, a partir de la segunda guerra mundial, en un ritual tedioso y perfectamente conservador, no solo desde el punto de vista del gusto dominante, sino incluso de las más groseras estrategias comerciales...Es propio de la dialéctica de las vanguardias, el que, una vez cumplido su cometido iconoclasta y crítico, se conviertan ellas mismas en un fenómeno afirmativo, de carácter normativo, y acaben afianzándose como un poder institucional. (Subirats 3: 86)


Se podría llamar a esta relación sintética y acrítica el fracaso de los macroproyectos, lo que ha llevado a una sensación de escepticismo mayor en un futuro inmediato. ¿Qué nos dejan estas fragmentaciones?, ¿qué ha sido del arte a partir de este agotamiento, relajación y fracaso vanguardista?
Es indudable que existen nuevas conciencias literarias, artísticas y culturales en esta época posmoderna: las tecnologías habitan construyendo una cierta estética cibercultural; la crisis del concepto clásico de estilo y de género y su cambio por el de hibridación multimediática del arte; la fragmentación de la realidad y de los proyectos motrices de la modernidad; la imposición de microproyectos relativos y aceptados; la individualización en masa y el espectáculo, el simulacro estético y la banalización de la cultura. Vivimos en la época del lenguaje posmoderno problemático sin resistencia. El arte actual, por lo tanto, no tiene lo llamado por los vanguardistas "voluntad de estilo" o la manifestación deseante de una producción innovadora. La esfera artística se centra más bien, siguiendo a Jameson, en una reproducción sistemática de los elementos artísticos del pasado, que lleva a un "no estilo" (Subirats) desinteresado en el futuro. El "no estilo" posmoderno es, sin embargo, un nuevo estilo artístico no homogéneo, sino múltiple y diverso que se basa en el eclecticismo de formas donde todo se acepta y vale, generando así un síntoma de "manierismo posmoderno" que para algunos - vgr. Baudrillard, James Gardner, Jameson, entre otros- encierra un símbolo de decadencia y de virtuosismo híbrido multimediático. Las fracturas sobre los llamados "discursos duros" de la modernidad, alimentan estas nuevas dimensiones de "discursos blandos" que cuestionan los conceptos totalizadores, unitarios, universales de la razón modernizadora. Y son estas manifestaciones del "pensamiento débil" las que han motivado a los antiposmodernos a catalogar este proceso como una manifestación epígona y decadente de los movimientos estéticos de la modernidad, ya que "ni sus posturas críticas son lo suficientemente consistentes, ni sus soluciones formales pueden considerarse precisamente como innovadoras" (Subirats: 164). La posmodernidad, según sus detractores, no ofrecería en su fragmentación las categorías capaces de organizar de nuevo el todo con paradigmas surgidos de una racionalidad crítica. Creemos que este cuestionamiento es demasiado radical y cae muchas veces en la nostalgia y en la impugnación a las nuevas tendencias actualmente sentidas y en avance. Nuestra tesis es que en medio de las rupturas de la racionalidad hegemónica y universalista, los resultados de las mismas deben estudiarse y verse como un proceso contradictorio donde muchas de sus propuestas funcionan en torno a lograr miradas nuevas o marginadas por siglos de racionalismos excluyentes y despóticos. Así, las nuevas categorías poéticas posmodernas, que veremos más adelante, nos están brindando alternativas distintas en la consecución de la obra de arte, no sin decir que en su interior deviene también lo que Baudrillard y otros llaman la trans-estética o muerte de la ilusión estética, ambigüedades que en su momento también fueron vistas con preocupación por los estudiosos de las vanguardias, y sin embargo, éstas prosiguieron entronizando discursos polémicos y conflictivos.
La relajación de las vanguardias ha facilitado el surgimiento de un nuevo contexto cultural donde, en palabras de Julio López, " el periodista sustituye al artista; el relaciones públicas al intelectual; el moderador al autor; el presentador al presentado; la información a la creación; el cóctel del libro al contenido del libro; la publicidad a la textualidad". ( 1988: 126). Contexto cultural que también ha motivado la construcción de una Transvanguardia que fusiona todas las modas en un llamado "arte industrial" cuya trascendencia se ha trocado por el marketing. Para Julio Rubio Navarro " la transvanguardia, más que otra cosa, es una industria... El objetivo de esa industria es, naturalmente, en última instancia, vender cuadros" ( 1983: 41). (2) Hija de la postindustrialización, la Transvanguardia posee casi todos los elementos de la nueva sensibilidad posmoderna. El crítico español Francisco Calvo Serraller señala algunos de ellos:

¿Qué es lo que me atrae de ellos? La habilidad, el desparpajo, el cinismo elegante, la teatralidad de opereta, la apropiación irresponsable del pasado, los desplantes juguetones, el voluntarismo profesional, la fe en la moda, el aplomo en medio del desconcierto, el oportunismo, el sincretismo, la habilidad (...); en definitiva, un conjunto de cualidades deliciosamente decadentes, muy acordes con el espíritu de nuestra época transvanguardista. Desde el pop, todo el que se precie sabe que no hay estilo sin una colección de gestos y actitudes, que no hay conciencia generacional que no esté basada en una determinada marca de zapatos. (Citado por Julio López, 1983: 128)


Desde Hegel hemos presentido el Fin del arte; fin de su Aura, de la ensoñación y construcción de lo fantástico. Agotamiento para describir la "otra" orilla, lo innombrable e inexpresable, aquello oculto tras pesados velos. El lenguaje de un arte explorador, fundador de realidades por medio de la palabra creadora, se ha cambiado por un imaginario fácil y cómodo. La agudeza para potenciar una estética como utopía posible, gracias a la fuerza provocadora del artista, ha sido transmutada por una relajación sin horizonte. ¿Qué futuras sensibilidades artísticas nos aguardan entonces?. Sensibilidades en línea, estetización de lo cotidiano, democratización de un simulacro: todos podemos ser creadores. Pero, insistimos en nuestra preocupación ¿cuál es el precio que el arte debe pagar por ello?
Parece que hoy los artistas no desean pasear por la cuerda floja de un arte visceral hecho con sangre, por el "peligro de los peligros" que, según Hölderlin, es la poesía. Para las nuevas sensibilidades ojalá se acabara el arte de los sanguíneos y se impulsara un arte de confort, flemático, decorativo. Proliferación de gustos banales, cursis. Allí nada se contradice; multimedia e indiferencia sensible; intercambio de imaginarios, legitimación de todos los estilos; eclecticismo de pulsiones y tonalidades. "Todo sirve", "todo vale", "todo es apto". Poesía elaborada para todos, complaciente y sin resistencias críticas ni traumas personales. Fin de las pulsiones vanguardistas de sublimidad, autenticidad, angustia, de tensión estética. Puesta en escena de la llamada "muerte del sujeto" pasional; es decir, ahora entra en acción un artista discreto, medido, que oculta las emociones. La pasión de un Van Gogh, la fuerza de un Apollinaire, la rebeldía metafísica de Artaud, la irreverencia de Tzara, no existen en estos mapas trans-estéticos, al decir de Baudrillard. Esta trans-sensibilidad muestra en el fondo un proceso de control y vigilancia por parte de la autoridad oficial. Se confirma con ella un miedo al "descontrol" del artista, una prevención frente a la fuerza que sacude una norma tanto jurídica-social como metafísica. Relajamiento existencial, seducción de lo ornamental en contra de lo esencial.
Es cierto, se agotaron las Vanguardias, su fuerza provocadora. Improvisación versus disciplina; discursos "blandos" versus discursos "duros"; ligereza versus experimentación; hedonismo permanente versus revolución permanente; ornamento versus monumento; entronización del instante versus compromiso futurista; marketing estético versus sublimidad; inmediatismo versus proyecto; mínimo de resistencia y máximo de indiferencia.

NOTAS
(1) En resumen, para Jameson, la estética posmoderna incluye entre otras características "la desaparición de la profundidad y el predominio de lo visual; la abolición del afecto y su reemplazo por un régimen de intensidades; la anulación de la historia y de lo temporal como dimensiones dominantes; el descentramiento del yo; el juego infinito de los significantes y la superabundancia de la imagen, opuestos a la celebración moderna del signo" (Rincón 1995: 35).
(2) "Achile Bonito Oliva (1980) caracterizaba así la transvanguardia: 1) la meta que busca ha perdido claridad. 2) Ha dejado de existir un pensamiento optimista del progreso y no hay un encargo social. 3) Se tiene una actitud de nomadismo: no hay direcciones precisas, solamente hay un centro que no lo es : el cuadro. 5) Se recurre al dominio del oficio, a antiguas tradiciones pictóricas, lo mismo que al conjunto de las técnicas consagradas por la vanguardia y a su apertura hacia las técnicas de la comunicación medial. Cool Se utiliza la historia del arte como un pozo de la dicha, con la consiguiente reconquista de la iconografía y de los estilos de todos los tiempos. Se toman prestados, hasta en un mismo cuadro, los cuadros y los estilos más diversos, se juega con diferentes niveles de significación, con el empleo metonímico de las citas" (Rincón 1995: 24).

BIBLIOGRAFÍA
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--------Zona. Antología poética. Barcelona: Tusquets, 1980.
BAUDRILLARD, Jean. Cultura y simulacro. Barcelona: Ed. Kairós,1993.Baudrillard, Jean.
--------La ilusión y la desilusión estéticas. Caracas: Monte Ávila, 1998
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BELLVER, C. G. "la poesía surrealista. En: Hispania, Los angeles,vol. 66, 4, 1983. ps. 542-551.
BRETON, André. Manifiestos del surrealismo. Madrid: Guadarrama, 1969.
CALINESCU, Matei. Cinco caras de la Modernidad. Madrid: Tecnos, 1991
CERNUDA, Luis. La Realidad y el Deseo. (1924-1962). Madrid: Fondo de Cultura Económica, 1975.
DE MICHELLI, Mario. Las vanguardias artísticas del siglo XX. Madrid: Alianza, 1994,
GARCÍA DE LA CONCHA, Víctor. El Surrealismo. Madrid: Taurus, 1982.
GARNER, James. ¿Cultura o Basura?. Madrid: Acento editorial, 1996.
HEGEL, G. W. F. Introducción a la estética. Barcelona: Ediciones Península,1973.
HUIDOBRO, Vicente. Poemas. Barcelona: Plaza y Janés, 1999.
ILIE, Paul. Los surrealistas españoles. Madrid: Taurus, 1982.
JAMESON, Fredric. El posmodernismo o la lógica cultural del capitalismo avanzado.Barcelona: Paidós,1995.
KANT, emanuel. Observaciones acerca del sentimiento de lo Bello y de lo Sublime. Madrid: Alianza Editorial, 1990.
LIPOVETSKY,Gilles. La era del vacío. Ensayos sobre el individualismo contemporáneo. Décima edición. Barcelona: Anagrama, 1998.
LYOTARD, Jean Francois. La posmodernidad (Explicada a los niños). Barcelona: Gedisa, 1996.
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